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Lanzamiento del libro “A quince años de intervención estatal: violencia policial en La Legua”

Lanzamiento del libro “Memoria visual de Legua Emergencia. Vida y oficio de Mario Alarcón”

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El Comité de Defensa y Promoción de Derechos Humanos de La Legua, tiene el agrado de invitar a usted a la presentación del libro “Memoria visual de Legua Emergencia. Vida y oficio de Mario Alarcón”

Cada gesto, palabra, rostro, lugar recobrado cuando parecían perdidos nos ayudan a querer y valorar lo que somos y hemos sido.

El viernes 13 de enero a las 19 horas nos juntaremos en torno a la presentación del Archivo fotográfico y libro “Memoria visual de Legua Emergencia. Vida y oficio de Mario Alarcón”.

Presentará Samuel Delgado, director de Cenfoto-UDP.

Nos acompañaremos de música, palabras y fiesta.

La presentación se realizará en la capilla Nuestra señora de la Paz ubicada en Jorge Canning # 610, Legua Emergencia, San Joaquín.

 

Declaración Pública ante la reprobable presidencia del diputado Daniel Farcas (PPD) de la Comisión Especial Investigadora de Barrios Críticos

“Como Comité de Derechos Humanos consideramos que el actuar equívoco, dañino e irresponsable del Diputado Farcas no entrega ninguna garantía de transparencia, deferencia y confianza para encabezar está instancia. Esto es de gran gravedad, pues estamos ante una Comisión, que tiene la posibilidad histórica no solo de conocer el fracaso de una política pública que durante 15 años ha violado los derechos esenciales de las personas, sino también las profundas ganas y expectativas de la comunidad, en pos de una política pública que valore la vida y contribuya a rescatar su dignidad”.

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En octubre de este año la Cámara de Diputados aprobó la creación de una Comisión Especial Investigadora con el objetivo de recabar antecedentes acerca de las intervenciones estatales en los llamados “barrios críticos” de Santiago. Se trata de una instancia inédita, pues las acciones del Estado en estos lugares, caracterizados por la precariedad, la violencia policial y la vulneración de derechos que sostienen las condiciones mínimas de una vida digna, nunca habían sido debidamente fiscalizadas por los propios organismos estatales.

La Comisión comenzó a funcionar en noviembre y a la fecha ha realizado tres sesiones. Si bien, uno de los requisitos para cumplir con los objetivos planteados, tiene que ver con escuchar a los distintos actores involucrados y así asegurar la realización de un trabajo responsable, nada de eso ha sucedido bajo la presidencia del diputado Daniel Farcas (PPD). Por el contrario, el diputado Farcas ha tenido un actuar errático y carente de responsabilidad. Entre los hechos protagonizados por el diputado cabe destacar los siguientes:

I. Decidió realizar una sesión de la Comisión en la población La Legua. En esta oportunidad, no solo se montó un show mediático bajo una intensa vigilancia policial, sino que además no tuvo la deferencia de realizar un trabajo previo de escucha, sobre la realidad de la población, ni con los pobladores y pobladoras, ni con las organizaciones vinculadas hace años al trabajo social en La Legua. Asimismo se excluyó de la sesión a gran parte de las organizaciones, y aquellas pocas que pudieron participar vivieron momentos de tensión al interior. Una de las invitadas reclamó porque no se le advirtió que participaría la prensa, dejándola como una “sapa” ante sus vecinos, mientras otro de los invitados fue agredido verbalmente por el diputado Farcas, quien le impidió que continuara su exposición

II. En la sesión del 19 de diciembre se invitó a diversas organizaciones de la población, pero solo se les permitió exponer por un lapso de ¡8 minutos! Nos parece impresentable convocarnos para dar nuestra opinión en un tiempo tan breve y que se nos critique por no presentar “propuestas de políticas públicas”. Además, su actitud frente a los expositores es agresiva, interrumpió a nuestro representante para llamarle la atención por lo que había dicho y de gran indiferencia, pues prefirió colocar atención en su celular y no en el relato entregado por un poblador invitado a la sesión.

III. El 10 de diciembre la prensa informó que el diputado Farcas habría recibido amenazas serias de presuntos traficantes de La Legua a propósito de la sesión que se realizaría en esa misma población. Sin embargo, al ser inquirido a denunciar el hecho, no dio respuestas, y a la fecha no ha puesto una denuncia que pueda iniciar una investigación penal. Es decir, el diputado acusó estar siendo víctima de un delito, pero no hizo nada para que éste fuera investigado. Este hecho no solo resulta curioso, viniendo de un diputado que hace de la “seguridad” una de sus banderas, sino que resulta  indignante pues solo logra fomentar la estigmatización histórica sobre la población, vulnerando y adicionando violencia a una cotidianidad hipotecada por su transgresión.

Como Comité de Derechos Humanos consideramos que el actuar equívoco, dañino e irresponsable del Diputado Farcas no entrega ninguna garantía de transparencia, deferencia y confianza para encabezar está instancia. Esto es de gran gravedad, pues estamos ante una Comisión, que tiene la posibilidad histórica no solo de conocer el fracaso de una política pública que durante 15 años ha violado los derechos esenciales de las personas, sino también las profundas ganas y expectativas de la comunidad, en pos de una política pública que valore la vida y contribuya a rescatar su dignidad. Es por eso que exigimos que el diputado Farcas deje la presidencia de esta Comisión.

 

Comité de Defensa y Promoción de Derechos Humanos de La Legua

El lado oscuro de la fuerza

Autor: Javiera Matus y Andrés López

Escuchas telefónicas que delataron un romance entre un cabo y una narco, relatos de golpizas a vecinos y una campaña contra la corrupción marcaron el caso que terminó con 10 uniformados detenidos.

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Una narcotraficante de La Pintana llama el 30 de mayo a su pareja, el sargento segundo C.M.P.M., de la Tenencia El Castillo, para alertarlo: “Oh… amorcito, sabes que hay la media… Mira, te voy a mandar todo lo que dicen de ustedes por Facebook (…). Que cuando se metan a una casa saquen una foto y denúncienlos, porque son los ladrones más grandes de La Pintana”.

Esta fue la primera señal que el entonces efectivo de Carabineros tuvo de que los vecinos de la zona estaban armando una campaña para denunciar los supuestos apremios, robos, tráficos que sufrieron de parte de 10 policías que integraban la unidad policial. Todo el descontento de los vecinos de la comuna se concretó por dos vías. La primera fue crear grupos en Facebook, donde se distribuyeron panfletos donde se nombraba a los efectivos de la patrulla y la segunda fue llamar a una marcha en junio llamada “La Pintana marcha no+corrupción”. “Se encargan de entrar a las casas a robar sin orden, ni fiscal que los respalde, realizan controles de identidad sin sospecha, sólo para quitar dinero y especies de valor. Si los ve, denuncie, póngale fin al abuso de poder”, señala el panfleto.

Finalmente, esta campaña, los seguimientos de inteligencia de la policía, las diligencias del Ministerio Público, las escuchas telefónicas y los testimonios de las víctimas desencadenaron la detención de los efectivos tres meses más tarde. Todos ellos fueron formalizados por la Fiscalía Sur y están actualmente en prisión preventiva. Los ex policías que fueron dados de baja y, de acuerdo a la fiscalía, se habrían coludido con algunos narcos de la zona para robar droga y dinero a otros traficantes, lo que era disfrazado por medio de operativos y falsos partes policiales. Sus nombres no pueden ser publicados por orden del tribunal.

La denuncia secreta

Una de las evidencias recopiladas en la carpeta de investigación fue el testimonio reservado de un efectivo policial que alertó sobre las sospechas de los vínculos con narcotraficantes. “Uno de los efectivos se estaría dedicando al tráfico de drogas en pequeñas cantidades. (Una de las cónyuges) habría manifestado que tenía malas juntas, amistades que se relacionarían con traficantes de drogas (…). Un día de marzo, revisando el colchón de la cama en la pieza matrimonial, habría encontrado dos bolsas pequeñas con sustancias de color blanco en su interior (…); también lo habría sorprendido portando grandes cantidades de dinero que no era habitual a la condición de carabinero, le dijo (a ella) que mientras menos supiera sería mejor”, manifestó el testigo.

La fiscalía continuó con las diligencias e interrogó a las personas a las que se les aplicaron los supuestos procedimientos. “Como a eso de las 8.30 estaba en mi casa durmiendo y me levanté a prepararle un remedio a mi hijo, cuando sentí que empujaban la puerta (…), cuando veo que entraron carabineros, como ocho, me tiraron al suelo, me esposaron y me decían que querían las armas (…). Luego, se pusieron a registrar y encontraron droga, 15 kilos de pasta base. La encontraron y se la llevaron. Me sacaron 150 mil pesos de la billetera, un computador y mi anillo de compromiso”, indica uno de los testigos.

Pero su sorpresa continuó en su control de detención: “Después en la audiencia me entero por el fiscal que se trataba de menos droga de la que yo tenía y que habían dicho que me pillaron en la calle con un arma (…); todas esas cosas que sacaron de la casa se las llevaron junto con tres kilos de droga que no pusieron en el parte”.

Una de las vecinas afectadas relató que en abril de 2016, iba en su vehículo cuando los carabineros indagados la pararon. “Nos tiraron al suelo y esposaron, no habían ni siquiera revisado el auto. Nos subieron a un furgón. Mi hermana estaba sentada adelante y le pegaban con un palo en la cara y en el cuerpo, combos, patadas, por lo cual le quedó toda la cara marcada”, dijo.
Finalmente, para graficar los abusos que sufrían en el sector puntualizó: “Los carabineros de la Tenencia El Castillo tienen su propia ley, ellos roban a todo el mundo, en paraderos, en los almacenes (…); les dicen en la población ‘Los motochorros’, son peores que los propios cogoteros”.

(Reportaje integro reproducido del medio de prensa La Tercera. Para ir a la noticia, link disponible aquí  )

Sánder y su noche más oscura en La Legua

El desafío es girar el manubrio de la bicicleta hacia la derecha, doblar y no caer.

Lo ha intentado varias veces. Avanza desde la calle Progreso, donde vive, al oriente, hasta avenida Las Industrias. Son apenas unos metros. En esa esquina, si gira hacia el norte, a su izquierda, puede seguir pedaleando; si lo hace hacia el sur, en dirección a Avenida Salvador Allende, no.

Hace dos semanas, Alexander (11) quiso probar, otra vez, si podía realizar la maniobra. Pedaleó y dobló hacia Salvador Allende. Se golpeó una rodilla y una mano al caer sobre el cemento en su población, La Legua.

-También ha chocado con postes, se ha pegado en el hombro, anda todo moreteado- resume Javiera, su mamá.

Desde el 11 de septiembre de 2014, cuando un balín de goma disparado desde un carro policial en movimiento, le llegó a su ojo derecho y lo hizo estallar, Alexander Muñoz Calderón, a quienes todos en su familia le dicen “Sánder”, se estrella cada cierto tiempo contra las cosas que ya no puede distinguir.

Según la ciencia, en el ojo humano hay una zona de la retina en la que no hay células sensibles a la luz, es decir, todos tenemos un punto ciego. Es tan ínfimo que no somos conscientes de que hay una parte del espacio que no vemos y podemos caminar o conducir sin problemas.

Distinto es perder completamente la visión de un ojo. Ahí el cuerpo debe adaptarse a lo que significa carecer de perspectiva. Eso fue lo que le ocurrió a Alexander.

Según un informe del Servicio Médico Legal, requerido por la Fiscalía Militar, que investiga su caso, Sánder tuvo “lesiones de carácter grave, atribuibles a un proyectil de arma de fuego, que dejaron como secuela permanente y definitiva la pérdida de la visión del ojo derecho”.

Él lo explica en otros términos:

-Fue como si me hubieran pegado un combo muy fuerte. Se me nubló la vista y no podía ver, veía todo plomo. Me acuerdo que cuando quería abrir el ojo, me salía sangre-, cuenta Sánder.

El niño hizo esa jornada lo mismo que hacía siempre: Salió del colegio subvencionado Queen Flowers y se fue la casa de sus abuelos. Allí lo debía pasar a buscar su papá cuando terminara la jornada laboral, cerca de las 7 de la tarde. Juntos caminarían al oriente para cruzar la Avenida Las Industrias, donde hoy existe un mural gigante que muestra a un pequeño enfrentándose con un tanque policial.

Esa día, por problemas de tráfico por la conmemoración del Golpe de Estado, Erick se había atrasado una hora. Cuando llegó, Alexander le pidió permiso para ir con sus amigos a ver un documental sobre Allende. Erick le dijo que no había problema, que comería algo. Le pidió que volviera en cuanto terminara el filme, que se exhibía en una casa vecina a la residencia de sus abuelos, en Progreso.

El barrio es tranquilo. Está ubicado en La Legua “antigua”, donde se instalaron los primeros habitantes que hicieron conocida a la población como un bastión de la izquierda en la comuna de San Joaquín.

Los nombres de las calles en esta zona son esperanzadores: Progreso, El Esfuerzo, Constancia. Las casas de cemento son pareadas, con un patio interno, y en las veredas estrechas se ven árboles. No hay ni parques ni farmacias ni cajeros automáticos cerca. A pocas cuadras, está La Legua Emergencia, estigmatizada por el narcotráfico.

Ese 11 de septiembre de 2014, Sánder, como había prometido, volvió a buscar a su papá, Erick, de profesión electricista, para irse juntos al departamento en Salomón Sumar donde lo esperaba su mamá, Javiera, y sus dos hermanos, el menor de 20 días.

Cerca de las 22.00 horas, ya estaban listos para ir a su hogar.

Avanzaron por Progreso hacia Las Industrias y alcanzaron a observar el reflejo de una fogata y a un grupo de personas corriendo en sentido contrario al que ellos seguían. En segundos, pasó un carro de la policía disparando.

En un video tomado esa noche en el instante en que Sánder fue lesionado, se escuchan seis percusiones. El sumario interno de Carabineros, seguido por la capitana Sandra Cruzat Mendoza, da cuenta de que ese día circuló en esa región el retén móvil J-532 que estaba a cargo esa del mayor Jorge Araya Parodi y del capitán Alex Aguilera Berríos. Ninguno ha reconocido haber participado en los hechos.

No obstante, la declaración de testigos, algunos de los cuales también fueron heridos por los uniformados, dan certeza de que ese vehículo de la Comisaría 50 de San Joaquín estuvo ahí en el minuto en que Alexander perdió su ojo.

El abogado de Alexander, Cristián Cruz, sostiene que esa noche hubo un uso innecesario y abusivo de las armas por parte de Carabineros.

-Se disparó de manera innecesaria. Un acta de consumo de munición informa que optaron por usar mayores tiros de escopeta que, por ejemplo, bombas lacrimógenas. No se cumplió con los protocolos de dar aviso previo y eso pasó sólo porque se trata de ciudadanos de La Legua. Ni el ministerio de Interior ni el Sename son parte de este proceso porque Alexander es un niño de La Legua. Hay una doble discriminación y un doble castigo. Primero lo agrede Carabineros y luego las instituciones no hacen nada porque, en la práctica, no lo consideran como una víctima. Un ciudadano de La Legua no es víctima para el Estado.

Cerca de las 22.15 horas, Erick huyó de los balazos de Carabineros. Tomó a Sánder en brazos y corrió a refugiase con los abuelos del niño. Cuando llegaron, Erick supo que su hijo no había salido ileso.

-Vi que le había llegado un balín de goma en el ojo, otro en la pierna y otro más en brazo.

Los dos últimos rebotaron. El del ojo se instaló ahí y hasta hoy no es removido.

Un vecino trasladó a Alexander al Hospital Exequiel González Cortés. Lo acompañó su papá, Erick, y María, su madrina. En Urgencia, frente al relato de lo ocurrido, un funcionario llamó a Carabineros. Llegó, asegura Erick, una oficial de la comisaría 50 que intentó hacerlo cambiar su versión sobre lo que había pasado.

-Me insultó porque quería que yo dijera que había llegado una bala loca o algo así, porque carabineros estaba ahí para protegernos. Yo le dije que eso no era verdad. El que hizo esto fue un cobarde, disparó, hizo daño y arrancó- relata Erick.

Alexander cree que el problema fue el azar.

-Fue mala suerte, yo cacho. El que lo hizo no fue con maldad, creo que fue sin querer-, afirma el niño.

Su papá tiene otra teoría:

-Es tanto el abuso acá en las poblaciones bajas. Allá arriba yo he visto lo contrario. A uno lo emputece ver que con la gente de arriba, por tener un poco más de plata, no pasan encima de ellos. Aquí si quieren meterse a la casa de uno, se meten nomás, aunque no tengan la orden del juez. Llegan y entran. Como somos personas humildes sin conocimiento de la ley, pasan por encima-, reclama.

A las 3 de la madrugada del 12 de septiembre, Erick caminó los 4,2 kilómetros que separan el Hospital Exequiel González Cortés de La Legua junto a su hermana María.

El diagnóstico de Sánder, que sería trasladado al día siguiente a la Unidad de Trauma Ocular del Hospital El Salvador era claro: estallido ocular. No volvería a ver por el ojo derecho. Lo que le dijo Erick esa noche a su esposa fue otra cosa.

-Cuando estaba en el Hospital, me llamó y me dijo que le había llegado un balín en el pómulo. No pude ir, porque mi hijo tenía días de nacido y la chiquitita, tres años. Cuando llegó al departamento, otra vez me habló del pómulo. Me enteré recién al otro día en el hospital de que Alexander iba a perder su ojo. Me pegué cabezazos contra la pared, me empecé a sacar el pelo. Yo estaba mal. No podía hacer nada por él. Se me secó la leche para amamantar a mi guagua- cuenta Javiera.

Para Erick, la situación de Alexander trajo otros problemas.

-Me despidieron como de tres trabajos por los permisos: tenía que ir al psicólogo, tenía que ir al médico con Alexander, tenía que ir a ver lo de la prótesis, tenía que ir a Fiscalía a declarar. Yo no quería explicar qué pasaba porque no quería dar lástima-, asegura Erick.

Así Erick pasó de revisar planos eléctricos para una empresa a trabajar en su área en construcciones.

Su sueldo mensual hoy es de alrededor de $500 mil. La prótesis ocular que usa Alexander, y que este año debe renovar, tiene un costo de $600 mil.

-La primera vez lo financiamos con un Bingo, con más de mil personas. Vinieron grandes artistas como Krónica. Le quedó tan linda su prótesis que a veces se me olvida lo que pasó- dice el papá de Sánder.

Javiera no tiene la ventaja del olvido.

-Yo le limpio su prótesis todos los días. Su ojito es como cuando usted tira una piedra a una ventana y se rompe. Así está por dentro, entre plomo y verde. Y él está a la defensiva. Una vez lo iba a dejar al colegio y me dijo que a él le pasó eso por algo, que no hay explicación. Después me dijo que estaba tranquilo porque cuando fuera grande iba a hacer justicia. Tiene mucha rabia. Nosotros sólo queremos irnos de aquí-, plantea.

Para financiar la nueva prótesis y algún día emigrar de La Legua, Erick y Javiera arrendaron el departamento en que vivían en Salomón Sumar. Con ese dinero, pagan el dividendo y hoy viven de allegados donde los papás de Erick, en Progreso.

Antes de que el balín destruyera su ojo, Alexander tenía planeado probarse en la Universidad de Chile, el equipo por el que goza y sufre.

Luego del impacto, siguió jugando fútbol, pero ahora le es más difícil dar con el arco.

También cambió su carácter. Antes era muy pacífico. Hoy, en cambio, tiene dificultades para controlarse.

-Si llega un compañero nuevo y me pregunta qué me pasó en el ojo, voy y le digo a la profesora. Si sigue preguntando, yo le pego.

En su barrio, nadie habla del asunto y él no lo menciona. Pasa las tardes jugando Play 3, escuchando al reggetonero Ozuna o haciendo las tareas del colegio.

Se cansa, dice, mucho más que cuando podía ver con ambos ojos. Pero cree que su futuro está intacto.

-Quiero ser arquitecto o viajar a países con los que van dentro del avión.

-¿Piloto?

-No, los que atienden, para conocer todo el mundo.

-¿Has dejado de hacer cosas por el accidente?

-Ya me acostumbré.

Cuesta que reconozca alguna debilidad.

En el colegio, relata, un profesor nuevo, algo distraído, le hizo una prueba de visión. Primero le tapó el ojo derecho y él miró con el izquierdo y se aprendió de memoria las letras. Luego le tapó el ojo izquierdo y Sánder, sin ver nada, repitió la secuencia.

Le dijo: “estás perfecto”.

Erick recuerda otra anécdota:

-Alexander es como un viejo chico. Mi papá es diabético y el cortaron hace un tiempo un dedo del pie. Estaba triste. “Estoy cojo”, decía. Y Alexander lo miró y le dijo “tata, qué se preocupa porque le cortaron un dedo, yo no tengo un ojo y no me preocupo”- relata.

(Reportaje integro reproducido del medio de prensa The Clinic. Para ir a la noticia, link disponible aquí  )